Psicología para todos

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Hay que regresarles la niñez a los niños

10 Junio 2016

Por:  Dr. Alberto Álvarez Noriega*

En un mundo dominado por las necesidades de los adultos, los niños se enfrentan desde edades cada vez más tempranas a demasiadas cosas, demasiadas elecciones, demasiada información y demasiada velocidad.

A lo largo de las diferentes épocas ha cambiado la tecnología, los sistemas sociales y familiares se adecúan a las necesidades externas, los cambios políticos influyen de manera importante en el transcurrir de la vida cotidiana. Sin embargo, el desarrollo de un ser humano parece que sigue un patrón determinado que no ha cambiado mucho a lo largo de los años.

Si bien es cierto que en este mundo de adultos tratamos de arrastrar a nuestros niños en las locas carreras que emprendemos, también es cierto que los niños nos van marcando, con asombrosa sencillez, lo que necesitan de nosotros… y no siempre tenemos tiempo de darnos cuenta.

A lo largo de su desarrollo, los niños nos demuestran cuando se sienten seguros y protegidos por las personas que aman. No es necesario pedir que lo hagan. Espontáneamente  dan muestra, con asombrosa maestría y transparencia, de su sentir con respecto al ambiente familiar en el que se desenvuelven. Los padres viven para disfrutar esos momentos. Pero esos momentos no los podemos programar y mucho menos apresurarlos.

En el ámbito escolar es recurrente el esfuerzo de los profesores para que el niño aprenda lo más temprano posible los conocimientos y habilidades que debería aprender en etapas posteriores del desarrollo, siguiendo una falsa creencia de que el niño irá mejor preparado a las siguientes etapas escolares. Y los padres de familia, partiendo del principio de que buscan lo mejor para sus hijos, siguen esa falsa creencia.

En una época en la que se sobrevalora la capacidad de las personas para las multitareas, no es de extrañar que cada vez más se diagnostiquen niños con problemas de atención.

Tal vez sin darnos cuenta, los adultos nos encontramos envueltos en una vertiginosa carrera contra el tiempo, el dinero, la educación, la familia. Y sin darnos cuenta, estamos arrastrando a los niños en esa carrera.

Si bien es cierto que no es posible aislar a los niños de la realidad que los rodea (tecnología, horarios extendidos, múltiples actividades deportivas, artísticas, sociales, etc.) también es cierto que los padres no deberían renunciar nunca a esa labor: la de ser padres. Y una de las maneras de lograrlo, además de las actividades relacionadas con la educación, la seguridad y la salud de sus hijos, es buscar una forma coherente de simplificar la vida de los niños.

Kim John Payne, en su libro Crianza con simplicidad, nos sugiere cuatro ámbitos en los que se puede dar este proceso de simplificación: el ambiente, ritmo, horarios y filtro con el mundo adulto.

Para el sano desarrollo de la infancia no se requieren grandes cantidades de juguetes, libros, videojuegos, pelotas, material para creatividad, libros, ropa, zapatos de vestir, zapatos deportivos, etc., etc. Si hiciéramos un inventario de lo que realmente necesitan nuestros hijos, seguramente nos sorprendería la cantidad de objetos innecesarios o poco utilizados que poseen. Podemos simplificar el ambiente físico que rodea a los niños.

Hablar de ritmo implica ofrecer al niño una buena dosis de predictibilidad en sus actividades y las de la familia en general. Si aumentamos el ritmo se simplifica la actividad.

Las comidas, la hora de dormir, las medicinas, las visitas al doctor, la escuela, el trabajo, la clase adicional de matemáticas, el entrenamiento deportivo, etc. son demasiadas piezas para acomodar. Sin embargo, nuestros hijos requieren tener una mayor certeza acerca de qué ocurre, qué sigue, quién hace qué, a qué hora. Muy probablemente eso aumentaría su seguridad y disminuiría muchas de sus inquietudes.

Si pidiéramos a los padres que elaboraran un horario con las actividades de sus hijos, seguramente nos encontraríamos la mayoría de los cuadros llenos. Hay actividades que no son negociables: necesitamos tiempo para dormir, para comer, para asearnos, para ir a la escuela. Todo lo demás es opcional. Una forma importante de simplificar la vida de los niños es incluir en sus horarios el tiempo libre. Tal vez podamos enseñarlos a valorar el regalo del aburrimiento.

Finalmente, el filtro hacia el mundo de los adultos. Parecería una afirmación obvia decir que los niños y los adultos somos diferentes. Sin embargo, con frecuencia parece que olvidamos esta obviedad. Una forma de simplificar la vida de nuestros niños es reconocer que ambos procesamos la información de maneras muy diferentes, que el impacto que una noticia tiene en un adulto es muy diferente a la forma en la que la procesa el niño.

Si atendemos y ponemos un filtro a la información proporcionada por las conversaciones de los adultos, la televisión, los medios impresos, la computadora o cualquier otro dispositivo electrónico,muy probablemente ayudaremos a que nuestros niños solo reciban aquello que son capaces de entender, de procesar y que les permita actuar en consecuencia.

La tarea no es sencilla, pero sí necesaria. Hagamos un alto en el camino y reflexionemos acerca del ambiente que les estamos ofreciendo a los niños, asumamos con responsabilidad y alegría la hermosa tarea de favorecer su pleno desarrollo y devolvámosle cuanto antes algo que parece que les hemos robado: la niñez.

*Acerca del autor: Es coordinador de la Licenciatura en Psicología Educativa y del Posgrado en Psicología en Campus Tijuana. Especialista en temas de diseño curricular, evaluación del aprendizaje, psicología infantil y capacitación de personal.

 

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